¡Hola amigos del blog!
Vuelvo aquí después de una semana más de la que tenía planeada porque un viaje inesperado se cruzó en el camino y me tuvo fuera de combate, pero ya estoy de regreso y con energías para ponernos al día.
Por aquí el calor no perdona en estas fechas, y hay que reconocer que, de vez en cuando, resulta refrescante ver a Letizia navegando el verano con esos atuendos de playa y algodón ligero que ella domina con naturalidad. No siempre son los más regios, pero así nos da juego para comentar. Así que durante estas semanas nos haremos cargo de varios actos estivales donde la Reina ha apostado por la comodidad; unas veces con más éxito que otras.
Sin más preámbulo, vamos a ver qué tal se ha comportado durante el receso.
ACTO 1: Viendo el partido de la semfinal de la copa del mundo
La familia real se sentó al completo en una sala improvisada para ver el partido de clasificación a la final de la copa del mundo.
Empezamos en una salita improvisada, frente a un televisor pegado con alfileres, donde Letizia se presentó para seguir la semifinal de la Copa del Mundo con una actitud de quien atiende una cita obligatoria e incomprensible. Deportiva, sencilla, sin pretensiones: todo correctamente calibrado para no destacar. La camiseta del número 26, el pantalón deportivo, nada que dispute atención. Ni un accesorio, ni una joya. Si la intención era pasar desapercibida junto a la familia, lo consiguió.
ACTO 2: Partido final de la “Copa Mundial de la FIFA 2026” entre las selecciones nacionales de España y Argentina
Sus Majestades los Reyes y Sus Altezas Reales la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Sofía asistieron al partido final de la “Copa Mundial de la FIFA 2026” entre las selecciones nacionales de España y Argentina.
España se alzó con el título mundial y Letizia salió al césped para celebrar a los campeones con un look rojo que, al menos, reconocía la ocasión. Un atuendo monocromático y sin cinturón —detalle que agradecemos, porque los cordones que suele apretar alrededor de la cintura transforman cualquier prenda en un disfraz de marioneta. Pero tacones sobre el terreno de juego: una elección que convierte la proporción en sacrificio. Sigue sin haber joyas, sigue sin haber ese elemento que la diferencie como reina del resto de figuras públicas en torno a ella. Correcta, sí. Regia, no.
ACTO 3: Audiencia a la Selección Española de Fútbol, campeona de la “Copa Mundial de la FIFA 2026”
Sus Majestades los Reyes y Sus Altezas Reales la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Sofía recibieron en audiencia a la Selección Española de Fútbol, ganadora de la “Copa Mundial de la FIFA 2026”.
El recibimiento de la selección campeona requería un atuendo a la altura. Letizia optó por algo que podríamos calificar de… creativo. Un caftán rojo amarrado con un cordón, alpargatas, pelo indefinido. La composición resultante no evoca majestad sino más bien la imagen de alguien en paño de cocina que sale a tender ropa. Que la prenda pueda costar una pequeña fortuna es materia irrelevante: la ropa comunica antes que la etiqueta del precio. Y esto comunicaba ausencia de intención ceremonial. Una reina debería brillar en el apoteosis de su país, no desaparecer en una sábana de lino.
ACTO 4: Audiencia a una representación de estudiantes universitarios becados por la Fundación Microfinanzas BBVA
S.M. la Reina recibe a una representación de la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA) y a un grupo de estudiantes becados.
Sin mangas, sin protección visual del cuerpo, cinturón de hilo apretado que roba aire a quien lo ve. El pelo que ha visto días mejores. Alpargatas que, en este contexto, no son sencillez sino apatía. La imagen que proyecta es la de una persona de recursos limitados esperando turno en una consulta pública, no la de una consosrte que representa a una institución. Las joyas que ordenan un look y lo elevan brillan por su ausencia. De nuevo.
ACTO 5: 50º aniversario de la firma Adolfo Domínguez
Su Majestad la Reina visitó la firma Adolfo Domínguez con ocasión de su 50º aniversario.
Aquí la reina nos dio un respiro. El 50 aniversario de Adolfo Domínguez merece un vestuario que lo honre, y este vestido de tonos luminosos cumple. Mangas que protegen sin sofocár, silueta que favorece. Zapatos propios de la ocasión. El pelo recogido con cierto cuidado. Es el atuendo donde Letizia se permite verse como una mujer que disfruta de estar arreglada, no como quien ha sido ataviada a la fuerza. Sigue sin haber joyas (¿nunca terminaremos esta conversación?), pero al menos aquí se ha esmerado un poquito. Es uno de los mejores atuendos de esta tanda.
ACTO 6: Encuentro con personas desplazadas por los incendios
Sus Majestades los Reyes han mantenido un encuentro con personas desplazadas por los incendios en el polideportivo municipal “La Chopera”, de la localidad madrileña de Villamanta.
El contraste es tan intenso que lastima. El Rey Felipe VI pisa el terreno de los incendios como debe pisar un monarca: cinturón que ordena la proporción, zapatos impecables, gafas oscuras de marca, reloj que cuenta historias de lujo disccreto. Letizia, a su lado, lleva zapatillas deportivas y un atuendo que la borra de cualquier jerarquía visual. Parece la asistente del Rey, o la doctora que acompaña al personal. No la consorte. El cargo exige presencia, y la presencia requiere intención. Aquí hay indiferencia.
ACTO 7: Reunión anual de directores de centros del Instituto Cervantes 2026
Su Majestad la Reina asistió a la reunión anual de directores de centros del Instituto Cervantes.
En esta foto Letizia nos regala su habitual gesto de quien extiende la mano pero mira para otro lado, desatendiendo a quien la estrecha. Ese gesto que tiene un nombre: falta de educación elemental. Su interlocutor, al menos, posee el criterio de mirar a quien saluda. Del atuendo: gargantilla de aspecto noble que ojalá sea verdadera, porque al menos aporta algo de peso. Pero el chaleco musculado, escotado, exhibiendo una delgadez y una definición de gimnasio que no corresponden a la dignidad de la ocasión. Pantalones arrugados. Un conjunto que grita incomodidad, apatía, o ambas cosas. Este es un atuendo para el olvido.
ACTO 8: Clausura de la 16ª edición del “Atlántida Mallorca Film Fest”
Su Majestad la Reina presidió la clausura de la 16ª edición del “Atlàntida Mallorca Film Fest”.
Vestido rojo no ceñido: untado. Musculatura en primer plano, el cuerpo trabajado transformado en espectáculo muscular. Para un festival de cine, Letizia decide convertirse en estrellita de cine: cero elegancia y cero majestad. El vestido pide joyas que no llegan; pide compostura que se disuelve en la obsesión de lucir el trabajo de gimnasio. Una reina no compite con actrices; una reina existe en otra categoría. Aquí, en cambio, todo es aspiración de vedette. Letizia no aprendió ya que el hecho de tener un cuerpo de gimnasio no significa que tiene que estar mostrándolo de manera obsesiva en cada vuelta que da.
ACTO 9: Recepción ofrecida a las autoridades de las Illes Balears y a una representación de la sociedad balear
Sus Majestades los Reyes han ofrecido la tradicional recepción en el Palacio de Marivent a una representación de la sociedad balear.
El cierre de la semana en las Islas Baleares con un vestido que por fin obsequia el regalo visual de un volumen que favorece. Tela vaporosa, apropiada para la geografía, colores que respiran junto al mar. Sin joyas (ojos volteados: la batalla por las joyas continúa), pero con elegancia real. Aquí le damos el aprobado.
Cajon de los rescates
Nuestra asesora no envía esta semana tres propuestas que comparten manía son conjuntos con algo que se nota hasta la última fila. La primera es esa chaqueta de tweed marino con botones dorados, acompañada de falda de cuadros en azul, blanco y frambuesa con bordado floral y bufanda a juego. El marino es terreno conocido para Doña Letizia, así que aquí no hay riesgo de extravío; lo nuevo es que la prenda trae la joya incorporada, y esos botones dorados hacen en la solapa el trabajo que llevamos meses reclamándole al joyero de Zarzuela. Los cuadros aportan la temperatura que a sus otoños les falta, y el bordado impide que el conjunto se confunda con un uniforme escolar de lujo. Lo imaginamos para la semana de Oviedo, para una visita institucional al norte o para cualquier acto de octubre en el que haga frío y convenga parecer reina antes que ejecutiva. Sospechamos, eso sí, que la bufanda terminaría doblada en el asiento del coche, y sería una lástima: es la pieza que lo cuenta todo. Para nosotras, la fórmula se traslada sin dificultad, porque una falda de cuadros con chaqueta lisa arregla media temporada.
La segunda es esa blusa amarilla de seda con una flor de tela prendida en el hombro y pantalón de talle alto con lazada. El amarillo le sienta bien, aunque lo administre con una prudencia excesiva. Lo interesante está en la flor: no es una joya, pero ocupa el lugar de una, y demuestra que el hombro admite protagonismo sin necesidad de enseñar el bíceps. Nuestra asesora, que tiene sentido del humor, la propone precisamente para eso —para ver si la costumbre de llevar algo prendido se contagia y un día aparece ahí un broche de los de verdad, de los que llevan décadas esperando turno—. Serviría para una audiencia de mañana, una entrega de premios al aire libre o un acto de verano en el sur. Convendría también un pelo más corto y con más forma, como el de la foto, que despeja el cuello y deja lucir el conjunto entero. Para ustedes, la blusa amarilla con pantalón de talle alto es de las combinaciones que no fallan y perdonan cualquier prisa.
La tercera llega en crudo, con chaqueta, chaleco a juego y un pañuelo estampado anudado al cuello. El chaleco es la novedad y merece atención: estructura el torso, ordena el conjunto y añade una capa sin añadir calor, que en la agenda de septiembre no es asunto menor. El pañuelo hace de collar sin serlo, y para alguien que abre el joyero con cuentagotas es una solución elegante y sin discusión posible. Lo vemos en reuniones de patronato, visitas a fundaciones o encuentros de trabajo donde el traje de siempre resuelve pero no dice nada. Bastaría rematar con un reloj de buena caja y una pulsera de eslabón para que el conjunto dejara de parecerse al de cualquier reunión de las nueve y media. Y quien lo pruebe descubrirá lo mismo: el chaleco es la prenda que convierte dos piezas sueltas en un traje.
Cuadros de otoño, seda amarilla y un traje de tres piezas que respira: tres caminos distintos para que la Reina llegue a septiembre con ganas y no con la agenda por delante como una obligación. Ustedes también pueden apropiarse de cualquiera de los tres, que ninguno exige corona.
Perdonad que hayamos llegado tarde otra vez. Entre viajes inesperados y calendarios que se empeñan en conspirar contra nosotras, el domingo pasado se nos escapó de las manos. Pero aquí estamos, al fin, con toda la artillería pesada de Letizia y sus aventuras estivales.
Antes de irme (de verdad esta vez), os confieso que el tiempo me ha vencido y aún no he conseguido elegir libro para nuestro próximo club de lectura. Así que la pelota está en vuestro tejado: ¿hay algún título que os ronde la cabeza y que os gustaría que leyéramos juntas? Propuestas abiertas en los comentarios. Mientras yo viajo, ustedes piensan en historias.
¡Saludos y hasta la próxima!











