¡Hola amigos del blog!
Esta semana Letizia mejoró un poquito en su presentación. Todavía echamos de menos joyas, pero ya por lo menos ascendió de recepcionista a asistente personal. Algo es algo.
Vamos a ver los atuendos…
ACTO 1: Visita del Presidente de Portugal
El Presidente de la República Portuguesa, António José Seguro, acompañado de la Primera Dama, realizó una Visita Oficial de Presentación a España.
El color del vestido tiene encanto, pero el corte no termina de ayudar: el largo deja demasiado protagonismo a unas piernas muy delgadas y algo curvadas, y las mangas tampoco son amigas de sus brazos, sino que remarcan esa delgadez. A veces parece que la Reina insiste en elegir lo más simple posible… y simple no siempre significa acertado.
Y luego está ese detalle que en este blog siempre da para debate: ¿cómo puede un acto de tanta importancia quedarse sin una sola joya con presencia? Si además se suman esas sandalias casi de paseo playero, el aire resulta demasiado informal para una reina. Un poco más de intención —un mejor largo, mangas más favorecedoras, unas joyas discretas pero reales— habría cambiado mucho.
ACTO 2: Pre-Premio Miguel de Cervantes
Sus Majestades los Reyes han presidido este tradicional encuentro, con ocasión de la ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2025, que rinde homenaje al galardonado en esta edición, al escritor Gonzalo Celorio.
El azul cielo alegra la vista. La blusa se ve elegante, la falda esta vez sí acompaña y el largo le sienta mucho mejor. Por supuesto el eterno cinturón aparece tanto que merece asiento propio. Los tacones van en buena dirección y, en general, se ve cuidada y bien presentada.
También se agradece ver unos pendientes con gracia, porque cuando aparecen joyas, aunque sean discretas, el resultado cambia. El pelo está muy bien llevado y todo se ve armonioso, sin grandes dramas ni experimentos raros. Cuando quiere, demuestra que puede acertar sin complicarse tanto. ¿No sería ideal verla apostar más veces por esta línea? Excepto por la falta de joyas, en general le do y el aprobado.
ACTO 3: Premio Miguel de Cervantes
Sus Majestades los Reyes han entregado el Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes” 2025 al escritor Gonzalo Celorio.
El malva tiene encanto y las mangas aportan un detalle bonito, pero otra vez aparece esa sencillez en la que se obstina en los actos públicos. Más aún cuando al lado va el Rey de frac, con toda la solemnidad del caso, y ella parece haberse quedado a medio camino. El bolso, eso sí, tiene personalidad y hasta un punto divertido, de esos detalles que sacan una sonrisa.
Pero claro, vuelve la pregunta de siempre: ¿dónde están las joyas de una reina? Con el cuello desnudo y los brazos sin un solo adorno, el resultado se queda corto para una cita así. Incluso el largo no ayuda demasiado, porque acentúa lo delgado de los tobillos. Iba guapa de cara, pero parecía invitada más, y no la protagonista de Palacio. Que se esmere un poquito, no es mucho pedir.
Cajon de los rescates
Esta vez nos han enviado cuatro propuestas hermosas. La primera es este modelo espectacualr en blanco con un estampado elegante, que a Letizia le luciría con la silueta que tiene, y a cualquiera de nosotras también nos serviría para vernos regias.
Y miren este espectacular vestido en tonos dorados, que a ella le sentaría precioso porque remarca la silueta. Con un pequeño ajuste en el escote, nadie dudaría de que Letizia es una reina que sabe mostrar su posición. A nosotras nos vale soñar con una ocasión en que pudieramos vestir así. Tal vez una boda, o algo realmente especial.
Este conjunto verde con falda de vuelos sí que se llevaría las palmas. Lo mejor es que nosotras también podríamos lucir algo parecido. Letizia por supuesto haría un mucho mejor papel de representación si se animara a esmerarse un poco.
Y finalmente, en rosa, vean esta belleza que con las joyas adecuadas la harían ver como una reina moderna, joven elegante, dinámica, que quiere trabajar. Nosotras también nos veríamos muy bien con algo parecido.
Juan carlos, el arquitecto de España
En estos capítulos, Juan Carlos vuelve a presentarse como el gran arquitecto de todo: los Juegos del 92, la Expo, la proyección de España… y casi dan ganas de pensar que él solo levantó Barcelona piedra por piedra. En todos lados asoma ese tono tan suyo de ponerse siempre en el centro del escenario. Todo parece ocurrir gracias a su empuje, su visión y, cómo no, su sacrificio. Nos hace gracia pensar que si por él fuera, hasta se pintaría encendiendo la antorcha olímpica personalmente.
En el capítulo sobre la “hispanidad”, el relato sigue en modo epopeya. Juan Carlos se dibuja como gran tejedor de amistades, consejero de presidentes y casi figura paternal de medio continente. Hay anécdotas divertidas —la célebre frase a Chávez se roba el capítulo—, pero también se siente ese viejo perfume de autobronceado histórico: el rey como diplomático infalible, querido por todos y siempre con la frase justa. Uno acaba preguntándose si estaba escribiendo unas memorias… o una leyenda.
Luego llega “Apagar fuegos”, donde prácticamente se presenta como bombero internacional, mediador imprescindible y salvador silencioso de crisis enormes. Según estas páginas, arreglaba tensiones con Estados Unidos, calmaba a líderes árabes y hasta ayudaba a mover piezas en la gran historia mundial. Fascinante, sí… pero también invita a levantar una ceja. Porque cuando alguien sale tan bien parado en cada episodio, el lector sospecha que el espejo puede estar demasiado pulido.
Lo más curioso es que, entre recuerdos grandiosos y gestas diplomáticas, casi nunca aparecen errores propios. Si hubo fallos, fueron de otros; si hubo éxitos, él estaba en primera fila. Ese retrato de monarca casi mártir, siempre sirviendo y nunca beneficiándose, seguramente hará sonreír a quienes conocen la otra cara del personaje. Y ahí está parte del encanto del libro: leer entre líneas, separar memoria de autopromoción y ver cuánto hay de confesión… y cuánto de monumento.
En conjunto, estos capítulos dejan un Juan Carlos que quiere ser recordado como visionario, conciliador y motor de una España brillante. Pero también dejan material para comentar mucho: ¿memorias sinceras o ejercicio de maquillaje histórico? ¿Relato de un rey o defensa de un legado discutido? Ahí está la gracia de esta lectura compartida: detrás de tanto heroísmo narrado, siempre asoma una pregunta incómoda. Y esa, quizá, es la mejor parte para debatir.
Dejamos aquí a Juan Carlos contándonos en cada página un poco más de su fantasía. Ya veremos qué otras historias nos tiene preparadas en los capítulos venideros.
¡Saludos y hasta la próxima!
(*)Juan Carlos I.Reconciliación. Planeta, 2025








