Letizia de pintura y Juan Carlos de escultura

¡Hola amigos del blog!

Vengo con el aliento algo entrecortado, porque estas semanas se han propuesto llegar todas cargadas a la vez: el trabajo se me ha multiplicado casi hasta doblarse, han surgido asuntos de familia que reclamaban su sitio y, por si faltara emoción, empezó el Mundial. Lo confieso sin rubor: me roba cada hora suelta que encuentro, porque soy de las que no se pierden un partido. Entre el cariño por este país que tan bien me acoge y los nervios de cada encuentro, una acaba animando a la selección como si la llevara de cuna.

Pero ni el fútbol ni la agenda iban a dejarles plantados. Letizia ha seguido a lo suyo, y aquí estoy yo, fiel a la cita, para repasarlo con ustedes. Veamos qué nos ha dejado.

ACTO 1: Reunión de la Comisión Delegada de la Fundación Princesa de Girona

Sus Majestades los Reyes presiden la XXXVII reunión de la Comisión Delegada de la Fundación Princesa de Girona.​​

Para una reunión de trabajo de la Fundación Princesa de Girona, Letizia apareció con un vestido en tono guayaba, de escote en pico y falda plisada, con la manga a media caña y el inevitable cinturoncillo fino ceñido al talle. El color la favorece, pero el conjunto entero se mueve en un registro de domingo de paseo más que de mesa presidida por la Reina de España.

Las alpargatas de cuña son el detalle que desinfla la propuesta. Sabemos de sobra que los pies le piden tregua, y se lo concedemos, pero el esparto pertenece al chiringuito y al mercado de los sábados, no a una comisión delegada: rompe la caída del vestido y arrastra el atuendo entero hacia lo doméstico. Y ese cinturón tan apretado y tan estrecho no ordena nada; se limita a marcar un nudo en mitad de una tela que pedía otra cosa. Sin un pendiente con voz, sin un broche, sin nada que recuerde quién preside la reunión, volvemos a quedarnos con una mujer correcta, no con la única que debería parecer reina en la sala.

Hay, además, una rareza en la foto que merece mención: Letizia sonríe de oreja a oreja, pero los dos corrillos que la flanquean parecen haber cerrado filas hacia fuera, dejándola en una islita de tela rosa en medio del salón. Será casualidad del obturador —casi siempre lo es—, aunque la imagen resume con humor involuntario la sensación de la jornada: mucha sonrisa y muy poco empaque alrededor.

ACTOS 2,3 y 4: Visita de Su Santidad el Papa León XIV

​La Familia Real asiste a los actos que se organizaran con motivo de la visita apostólica de Su Santidad el Papa León XIV a España.​​

Para recibir a Su Santidad el Papa León XIV, Doña Letizia se acogió al privilegio del blanco, esa antigua deferencia que autoriza a unas pocas reinas católicas a vestir de ese color ante el Pontífice. La etiqueta lo permite, pero permitir no es obligar a parecer novia, y este vestido de encaje en blanco, de falda amplísima y mucho vuelo, ceñido por un cinturón blanco de hebilla cuadrada y rematado con salones a juego, se fue más hacia el cortejo nupcial que hacia el recibimiento de Estado.

Blanco de arriba abajo, sin una sola joya que rompiera la nieve, le restó buena parte de la solemnidad que el momento pedía.

Era un acto importante, y por eso extraña que se quedara tan corta de presencia justo cuando más convenía. Un broche sobrio, unos pendientes con peso, otro calzado: cualquiera de esos guiños habría bastado para distinguir a la Reina de España de una invitada de boda. (Y permítanme la frivolidad: ¿alguien sabe quién es el joven tan guapo de la escolta que asoma detrás de ella en la imagen? La curiosidad es libre.)

Al día siguiente repitió blanco. El resultado subió varios peldaños. Esta vez un conjunto de aire sahariana: chaqueta de manga corta y hombro estructurado, con bolsillos de tapa y botonadura al frente, sobre una falda midi de buen vuelo. La caída del tejido era preciosa y, por fin, asomaron complementos: unos pendientes de perla muy logrados, un brazalete fino —ojalá de los de verdad— y un bolso blanco de asa que estaba muy bien. El peinado, esta vez sí, a la altura.

El único tropiezo estuvo en el cinturón, que en lugar de acompañar la botonadura se peleaba con ella: dos elementos disputándose el mismo eje del cuerpo cuando uno de los dos sobraba. Pero, en conjunto, fue una Letizia guapa, cuidada y bastante más cerca de la idea de Reina que tantas veces echamos en falta.

Tercer día y tercer vestido blanco —el único color que el protocolo papal le consiente esta semana, así que poco hay que reprocharle en eso—. Optó por una línea recta y manga larga, con un fruncido en el hombro que pone el único relieve del conjunto, y se agradece que prescindiera del cinturón, que en las salidas anteriores dio más guerra que servicio. Repitió bolso y brazalete de la víspera, en una continuidad con su lógica de agenda apretada.

El corte es de los que mejor le sientan —limpio, sobrio, muy suyo—, pero el largo a media pantorrilla cae justo donde menos conviene y le añade delgadez a unas piernas que la tienen de sobra: un palmo más arriba habría reordenado la proporción. El pelo pedía un repaso, como heredado del día anterior sin retoque, y, aunque los pendientes vuelven a estar bien elegidos, el conjunto se quedó pidiendo un accesorio más que lo coronara. Con muy poco, una vez más, se habría avanzado muchísimo.

ACTO 5: 25º aniversario del diario “El Confidencial”

Sus Majestades los Reyes presidieron la celebración del 25º aniversario de la fundación del diario “El Confidencial” y entregaron la primera edición de los Premios de Periodismo de Investigación.​​

Para el 25º aniversario de El Confidencial, Doña Letizia eligió un vestido negro recorrido por aplicaciones doradas de motivo floral, coordinado con bolso de mano y salones, ambos en dorado espejo. La tela, en sí misma, es de las más bonitas que le hemos visto en semanas: el oro sobre el negro tiene clase y un punto de audacia que le sienta.

El problema está, como casi siempre, en los remates. La manga, reducida a una hombrera apenas insinuada, deja el brazo enteramente al aire y luce con evidente orgullo el trabajo de gimnasio; un esfuerzo admirable en una culturista, algo más discutible en una reina, a quien la velada pedía un punto más de tela y otro menos de bíceps. El largo, además, a media pierna y de corte muy recto, rebaja un vestido de gala a algo curiosamente doméstico: le quita vuelo y ceremonia, y lo que en la percha sería un vestidazo, en ella y a esa altura tira más hacia la túnica de estar por casa.

El dorado de bolso, zapatos y pendientes ayuda a la armonía, pero combinar no es lo mismo que brillar. Falta la pieza con pedigrí, un pendiente de los buenos, una pulsera con historia, algo salido del joyero de Zarzuela, que recuerde quién es la invitada principal de la noche. Tenía entre manos uno de los mejores vestidos de la temporada y se quedó, una vez más, a un par de joyas de parecer reina.

ACTO 6: Reunión del Patronato de la Residencia de Estudiantes

Su Majestad la Reina ha presidido la reunión del Patronato de la Fundación Residencia de Estudiantes, máximo órgano de gobierno de esta institución, referente histórico y cultural de nuestro país y uno de los principales espacios de encuentro entre la ciencia, las artes y las humanidades.​​

Para la reunión del Patronato de la Residencia de Estudiantes, Doña Letizia lució un vestido camisero largo de estampado floral, fondo crudo sembrado de flores azules, naranjas y violetas, casi una lámina de herbario, ceñido con su propio cinturón y de manga francesa con la vuelta marcada. El estampado es alegre y primaveral, y como vestido de jardín o de almuerzo al aire libre sería un acierto sin discusión.

El traspié está en el destino. Una reunión de patronato no es una comida campestre, y el conjunto respira más fin de semana que mesa institucional. Lo remataban unas cuñas de esparto azules que empujaban el conjunto hacia lo playero, mientras el bolsito negro de mano tiraba justo al revés, hacia lo ejecutivo. Dos piezas que no se hablan entre sí, y un atuendo que no acaba de decidir si va al mercadillo o a una junta.

Sin una sola joya, claro, que incline la balanza hacia lo segundo; y un misterio para cerrar: la melena amaneció un palmo más larga que en la salida anterior, en uno de esos prodigios de crecimiento exprés que solo la peluquería sabe explicar. Larga, suelta y sin más intención, redondea la estampa de una Letizia cómoda y favorecida, sí, pero a la que el acto volvió a reclamar la prestancia que prefirió dejar en casa.

Cajon de los rescates

Esta semana nuestra asesora nos trae tres propuestas que comparten una premisa sencilla y contundente: a Letizia no le falta la ropa, le falta el valor de terminar lo que empieza.

La primera idea es ese traje oscuro de línea sobria y apliques que le dan al conjunto una dimensión que el color solo nunca consigue. Letizia se mueve con comodidad en los tonos oscuros, los conoce, los controla, sabe que afilan su silueta sin exigirle concesiones. El problema habitual no es el traje: es que lo deja a medias. Aquí la propuesta es completar la ecuación de una vez —un broche de tamaño generoso prendido a la altura del pecho, pendientes que se vean en la foto de lejos, un brazalete que haga ruido discreto cuando junte las manos en ese gesto tan suyo, y un anillo que no sea la alianza. Con esos cuatro elementos, el traje deja de ser el uniforme de una directiva de banco y se convierte en el atuendo de quien preside. La imaginamos para una audiencia en Zarzuela, una entrega de condecoraciones o cualquier acto de protocolo estricto donde la sobriedad sea obligatoria pero la distinción, opcional. Las lectoras saben bien de qué hablamos: hay un traje oscuro en cada armario esperando exactamente este tratamiento.

En segunda instancia, una propuesta regia completa. Los apliques dorados hacen el trabajo que el joyero debería hacer y casi nunca hace; el brazalete y los pendientes están elegidos con criterio, no con prisa; el maquillaje tiene la entidad que pide una foto oficial; y la falda cae en el largo exacto que le favorece, sin el drama del tobillo ni el descuido de la rodilla. El cinturón (uno de verdad, no el cordoncillo habitual) ordena la silueta y le da al conjunto esa arquitectura que distingue a quien viste con intención de quien simplemente se pone ropa. Y el detalle de las mangas resuelve de una vez el dilema eterno: los brazos de Letizia son el resultado de mucho trabajo, y no hay ninguna razón para esconderlos ni para exponerlos sin criterio. Una manga que cubre sin ocultar, que sugiere sin presumir, es exactamente la solución elegante. La ocasión ideal: una cena de gala, una visita de Estado, cualquier acto donde la fotografía oficial vaya a durar décadas. Para nosotras, el principio es el mismo aunque la firma sea otra: que cada pieza hable con las demás, que nada sobre y nada falte.

Y finalmente por hoy, una propuesta con algo especial: la tela. Hay tejidos que no necesitan ayuda para contar su historia, y este es uno de ellos. El pantalón serio, el cinturón integrado, la textura que da presencia sin añadir volumen. A Letizia le conviene precisamente porque trabaja con su silueta en lugar de contra ella: no necesita engañar proporciones ni corregir nada, solo acompañar lo que ya está bien. El truco, aquí como siempre, está en los accesorios: no los correctos, los buenos. Una pieza del joyero real con historia; tal vez no la más espectacular, pero sí una que sea apropiada; un bolso estructurado y unos zapatos que no le pidan perdón al pantalón. Lo imaginamos para un acto cultural de tarde, una visita a una institución de prestigio o una reunión de trabajo de las que aparecen en los periódicos. Y para las lectoras: cuando la tela es buena, hay que dejarla hablar. El accesorio que se añade a un tejido bello tiene que tener la misma calidad de intención, aunque no el mismo precio.

Si Letizia reuniera estas tres propuestas en tres semanas consecutivas —traje oscuro con joyas de verdad, conjunto dorado con criterio, tela con presencia y accesorios a la altura—, el debate sobre su estilo cambiaría de tono. Dejaríamos de preguntarnos por qué no lo hace y empezaríamos a preguntarnos cuándo lo hará de nuevo.

Juan carlos esculpe su propio munumento

«Lilibeth nos deja a todos huérfanos» arranca con la muerte de Isabel II, a quien Juan Carlos llama Lilibeth y presenta como prima, amiga y ancla de su vida. Antes del funeral se permite un largo rodeo genealógico para recordarnos que las casas reales de Europa son, en el fondo, una sola familia entrelazada durante siglos, sostenida por un «club de reyes» que sobrevive a todos los gobiernos. Confiesa que el Gobierno español habría preferido que no asistiera; él fue igualmente, aunque sin acercarse al féretro ni a la inhumación, para no hacer sombra a su hijo, renuncia que narra con el orgullo discreto del buen padre. Entre frase y frase deja caer dos ideas: que su destierro a Abu Dabi le cayó encima sin causa que merezca mención, y que esa imagen de unidad y serenidad de los Windsor es justo el espejo en el que más le gustaría reflejarse. Aparece, por cierto, una Letizia atenta y solícita que lo ayuda a incorporarse durante la misa, detalle que a las lectoras de este blog no se nos pasa.

«La vejez enemiga» junta su ochenta y cinco cumpleaños —celebrado en Abu Dabi con bandera española en la terraza y flamenco para sentirse en Andalucía— con un puñado de reflexiones sobre el tiempo, hiladas con el recuerdo sereno de quienes ya no están: su padre, al que pinta como un rey sin corona entregado a España; su madre; y su primo Constantino de Grecia, hombre bueno y sencillo al que, dice, el destino trató sin piedad. Le gusta el lema que le oyó a Clint Eastwood, eso de no dejar entrar al viejo en casa, y lamenta que hoy se arrincone al patriarca apenas deja de ser productivo. Lo revelador está ya en el título: hasta la vejez es, para él, una enemiga que ataca desde fuera, nunca el desenlace de un camino propio. Regresa la estampa del desterrado que añora España hasta en el jamón —que le llega ya cortado, sucedáneo del que libera un buen cortador— y que se mira en Constantino como en un espejo de reyes agraviados. La melancolía es sincera; el sastre que se la corta, impecable.

Cierra la entrega «Reencuentro con París», donde el ingreso de Vargas Llosa en la Academia Francesa le sirve de pórtico para inventariar su legado cultural: el Premio Cervantes que fundó, la Fundación Princesa de Asturias, los grandes museos de Madrid, la Real Academia y su política panhispánica, los títulos que repartió entre escritores, las tardes con Dalí y con Miró. Leído así, el entero renacimiento cultural de la España moderna parece llevar su firma al pie. Y como remate, esa modestia que es la más astuta de las jactancias: «mi único mérito es haber buscado a las personas adecuadas en el momento oportuno», dice quien a continuación se adjudica media historia del arte español. Reaparece el agravio predilecto de esta séptima parte: Francia lo agasaja por lo que España prefiere olvidar, y mientras el embajador en los Emiratos le hace el vacío, París le despliega la alfombra. Vamos cerrando el libro, amigos, y el autorretrato final es el de un benefactor generoso al que una patria ingrata dejó de invitar. Ya casi en la última página, la pregunta que les dejo es si en todas estas memorias hemos llegado a conocer al hombre, o solo a contemplar el monumento que él mismo se ha ido levantando. Cuéntenmelo.

Y con esto cerramos por hoy. Ya saben que sus comentarios son la mitad de la diversión, así que no se queden con las ganas: cuéntenme qué habrían cambiado, qué rescatarían del joyero y qué les ha parecido el capítulo de don Juan Carlos. Nos vemos muy pronto de nuevo por aquí, con más atuendos que comentar. ¡Un abrazo a todos!

(*)Juan Carlos I.Reconciliación. Planeta, 2025

11 comentarios en «Letizia de pintura y Juan Carlos de escultura»

  1. 1
    Blue Monster says:

    Nothing too awful this week, aside from the shoes she wore to the Princess of Girona Foundation. As usual, she opted for a skirt length designed to showcase her ankles. Nothing against her ankles, but it is not a particularly flattering look.

    I think the dresses she chose for the Papal visit all looked good, though the last looked a bit restrictive and more suited to a cocktail party than a meeting with the Pope. Some jewelry would have helped, but then I suppose a case could be made that the Vatican is not the place to display wealth – besides, they’ve got enough there already.

    I liked the queen’s dress for El Confidencial’s 25th anniversary, though I think it was perhaps a bit too young of a look for her, with the lack of sleeves displaying her ropy muscles.

    For the meeting of the Board of Trustees of the Student Residence, I agree that the look was too whimsical for an official function. Again, check out those ankles!

    Once again, the Drawer of Rescues offers some interesting and fashionable options.

    Poor Juan Carlos – if his side of the story is to be believed. I don’t know enough Spanish History to be able to make anything like an informed judgement, but my «gut sense» is that he is only erecting a monument to himself.

  2. 2
    Margaret Letizia says:

    I ate more chicken than Marie Antoinette’s dog this weekend!

  3. 3
    Analia says:

    Tropiezos tras tropiezos… los estilismos siempre quedan a la mitad ( o menos que eso) Ser elegante , con prestancia , tal como como lo expresa nuestra anfitriona es una decisión. No hay caso. El cabello sin peinado ni corte , sin mechas, resta siempre .Las propuestas? Divinas ! el azul es de terciopelo? lindísimo!
    Paciencia… me temo que las jovenes Leonor y Sofia van por el mismo camino

  4. 4
    LINA says:

    Fotos de Letizia, en el aniversario de la revista Ethic.

    https://www.newmyroyals.com/2026/06/queen-letizia-attends-15th-anniversary.html

    De todo lo que uso en la semana me gusto mucho el vestido negro con las flores doradas, es estupendo!
    De las propuestas me quedo con el traje de terciopelo azul, siempre este tejido realza !!!

  5. 5
    Agnola says:

    Gracias LINA –

    Esta semana Letizia sólo nos ha regalado con su presencia un par de veces. Voy a esperar una semana más a ver si podemos compilar un poquito más de contenido. Mientras tanto, te comento aquí que los músculos desarrollados lucen en otros contextos.

  6. 6
    Ana Maria says:

    En la reunión de trabajo de La Fundación Princesa de Girona Doña Leticia uso un vestido y unos zapatos de color guayaba . Este atuendo le que daba bonito el color es precioso, pero era inadecuado para el evento . Yo pienso que para ir a la playa o a cualquier otro lugar, ella se habria visto estupenda. El color se le ve muy bien.
    En los actos que se organizaron para la visita del Papa, su mejestad Doña Leticia uso tres vestidos de color blenco , que es el color aceptado para personajes como ella cuando se tienen esta clase de reuniónes.
    El primer vestido era muy festivo, parecia como para una boda. No era apropiado.
    El segundo vestido muy hermoso y elegante, con chaqueta y zapatos del mismo tono. El modelo y el color muy apropiados. Doña Leticia se veia muy bien, destaco por su elegancia .
    El tercer vestido, era bonito , se veia guapa. Lo que siempre hace falta son las joyas. Si ella se decidiera a usarlas,en todos sus atuendos ,veria mucho mejor, como una verdadera reina.
    En el 25 aniversario del diario «El Confidencial» , el vestido con que precidió el acto fue muy acertado, hermoso diseño y el color negro adornado con dorado, le dio un toque muy especial. Para mi gusto con mangas largas se le vería mucho mejor y mas elegante. Como siempre la ausencia de las joyas se nota muchisimo.
    En la reunión Del Patronato de la Residencia de Estudiantes . La reina se presentó al evento con un vestido muy feo. Ni el color , ni el estilo estaban bien . Parecia un vestido para estar en la casa.
    Los vestidos del cajón de los rescates muy bonitos todos. El vestido negro muy bello.Doña Leticia con ese vestido y el cabello racogido , con un peinado elegante real….. mente pareceria su majestad La Reina de España.
    El vestido azul , con aquella hermosa calidad de material, que hace ver elegante y estupenda a cualquier mujer que tenga buen gusto y que quiera verse elegante y sobresalir en algun sitio. Si Doña Letcia entendiera el lugar que ocupa en la sociedad española, con su figura su cabello sus joyas y un buen asesor de imagen Pareceria una REINA. ¡¡¡¡Usalo Doña Leticia!!!!!

  7. 7
    Ana Maria says:

    Sobre el libro del rey Juan Carlos, es muy dificil opinar. Al estar en un sitio de poder , con mucho dinero y al mismo tiempo siendo guapo y siendo un hombre, pues la vida para el fue muy complicada. En este mundo un hombre como el,que tiene esas grandes …… digamoslo cualidades si asi se les pueden llamar , tambien tiene grandisimos problemas llamados MUJERES. Si, todas y digo todas ,estoy segura andaban loquitas por quitarselo a Doña Sofia y de hecho la señora paso esos ratos amargos y se porto siempre como una reina.
    El rey Juan Carlos cuenta en su libro sus memorias y esas son sus memorias, otras memorias seran las memorias que quizas se atrevan a contar algun día, los otros protagonistas de estas memorias, que muy seguramente en sus memorias contaran otras memorias muy distintas a las memorias que el rey Juan Carlos tiene en su memoria. En resumen las memorias escritas por todas las personas de poder son casi siempre muy distintas a las memorias que tienen en su memoria los protagonistas de las historias que el escritor de esas memorias cuenta. Dificil la vida de estos personajes. He dicho.

  8. 8
    LINA says:

    https://www.newmyroyals.com/2026/07/king-felipe-and-queen-letizia-attend.html

    Fotos de los Reyes en la entrega de premios del periodismo.

    Muy bonito vestido!!

    ,

  9. 9
  10. 10
    Agnola says:

    Gracias, LINA –
    Letizia no nos ha porporcionado ninguna variedad esta semana. Más de lo mismo. Voy a esperar otra semana antes de comentar algo, para no repetir siempre lo mismo.

    Además, nos hemos quedado sin libro y tengo que buscar uno. Oigo sugerencias.

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