¡Hola amigos del blog!
Esta semana la Casa Real se vistió de fiesta para recibir a los vecinos franceses: el presidente Macron y su esposa pasaron por Madrid, y con ellos llegaron recepciones, brindis y una cena de gala que, les adelanto, nos ha dejado con la mejor de las sonrisas. Porque sí, hubo una noche en la que doña Letizia pareció, por fin, toda una reina. Las demás salidas… bueno, eso lo iremos viendo juntos.
Manos a la obra
ACTO 1: Recepción al Presidente de Francia y su esposa.
Sus Majestades los Reyes recibieron con honores militares en el Palacio Real de Madrid a Sus Excelencias el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, y la Primera Dama, señora Brigitte Macron.
Para recibir al presidente francés, doña Letizia rescató del armario un traje gris de Pertegaz que ya conocemos bien: aplicaciones florales, estrellas blancas y negras y una lazada enorme al cuello. El traje le queda holgado, pero al menos esta vez no hay cinturón finísimo estrangulando la cintura, y eso ya es una pequeña victoria. Lo que no se perdona es el lazo: en lugar de enmarcar el rostro, se lo traga. La Reina desaparece detrás de su propio adorno.

El pelo pedía volumen y, dicho con todo el cariño, un buen champú. Los zapatos de Massimo Dutti, en cambio, son preciosos y amables con esos pies que tanto le duelen. Fueron, quizá, lo único del conjunto pensado con cabeza.
Ni una pieza del joyero real. Nada que dijera a Macron que tenía delante a la Reina de España. Si doña Letizia hubiera acudido a título personal, representándose a sí misma, habría estado muy bien. Pero ese día representaba a todo un país, y el país se quedó en casa.
ACTO 2: Cena de gala
Cena de gala en honor de Su Excelencia Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, y de la señora Brigitte Macron
Y entonces llegó la noche, y con ella la Reina. Vestido azul de Carolina Herrera, firma que casi nunca falla: mangas preciosas, una caída exquisita y joyas a la altura del cargo. Así, sí. Así da gusto tener una reina que represente. Aplauso largo y sin reservas.

Debajo de tanta tela asomaban, o mejor dicho no asomaban, unas sandalias doradas de Martinelli con una plataforma exagerada. Por fortuna, el vestido tuvo la generosidad de esconderlas.
En el brindis, don Felipe describió a España y Francia como dos naciones vecinas y amigas que se conocen, se aprecian y se respetan. Una frase bonita. ¿De dónde habrá sacado esas ideas? Solo le faltó llamar a Macrón y su señora «Mis compi-yoguis» para que la referencia quedara completa.
ACTO 3: Recepción
Recepción ofrecida por Sus Excelencias el presidente de la República Francesa y la señora Brigitte Macron en la residencia de la embajadora de la República Francesa en España.
Para la recepción ofrecida por los Macron, vestido negro de Sandro con escote lágrima y sin mangas. Y ahí están otra vez esos brazos, tonificados, trabajados, impecables… para una competición de culturismo. En una recepción diplomática sobran. A su edad y en su posición, una manga, aunque fuera mínima, habría dicho mucho más que tanto bíceps.

El largo de la falda tampoco ayuda: corta justo donde subraya unos tobillos demasiado finos. Los zapatos bajos y el bolso joya son de Magrit, casa a la que la Reina es fiel hasta la colección completa; de estos zapatitos tiene ya un muestrario, y lo cierto es que le sientan de maravilla.
Joyas, pocas y discretas: pendientes y pulsera de diamantes. No hacen ruido, pero confiemos en que, al menos, sean «de las buenas».
Cajon de los rescates
Esta semana el Cajón se abre con tres propuestas de lujo: color sin miedo, cinturón con carácter y un vestido de gala de los que se recuerdan. Tres ideas para una Reina que, si quisiera, tendría el país entero mirándola con una sonrisa.
La primera es un conjunto de Chanel que parece un jardín en primavera: chaqueta corta de tejido de cuadros en blanco, azul y frambuesa, con flores bordadas que suben por los bolsillos y las mangas, sobre un pantalón a juego y una blusa blanca sencilla. Un cinturón trenzado con la doble C dorada marca la cintura con elegancia, sin apretarla. A doña Letizia le iría de maravilla en una visita de primavera o una inauguración cultural, y aquí el joyero real tendría por fin una invitación imposible de rechazar: un collar de los buenos, pendientes con caída y una pulsera ancha de brillantes. Nosotras podemos copiar la idea con alta bisutería: un collar de cadenas plateadas con un colgante llamativo ya transforma una chaqueta alegre en un conjunto de fiesta.

La segunda propuesta es un traje rosa chicle de corte impecable: chaqueta corta con bolsillos de solapa y botones joya dorados, pantalón ancho de pinzas que cae limpio hasta el suelo, y en medio, el gran protagonista, un cinturón ancho de verdad, con brillo y textura. Nada de cordoncitos: un cinturón que ordena la figura y la presenta. Con la silueta que tiene la Reina, este traje la favorecería muchísimo en una audiencia o un acto de empresa, y el pantalón largo la libra de cualquier preocupación con los tobillos. Las demás podemos bajarle un par de grados al dorado de botones y cinturón, y nos quedaría un traje rosa que alegra cualquier lunes.

La tercera es puro sueño: un vestido de gala verde agua con cuerpo liso de manga corta, cintura bordada de pedrería y una falda que se abre en capas plisadas, con movimiento y volumen de cuento. Para una cena de Estado sería un acierto rotundo, con el pelo recogido y unos pendientes grandes de la Casa Real. La única precaución está en el largo: la falda debe llegar al suelo por delante, sin asimetrías que dejen los tobillos a la vista. Nosotras no tenemos cenas de Estado, pero sí bodas, aniversarios y alguna noche especial, y un vestido con este vuelo nos haría sentir reinas por un rato.

Imaginen a doña Letizia con cualquiera de estas tres propuestas, con color, con cintura y con brillo propio. Y imagínense ustedes también con su versión: un poco menos de dorado, algo de bisutería bonita y las mismas ganas de que la sala note que hemos llegado.
Y con esto cerramos una semana con sabor francés: una tarde gris, una noche azul que nos devolvió a la Reina que tanto echamos de menos y una recepción en la que los bíceps se llevaron más protagonismo del que merecían. Queda el consuelo de que, cuando doña Letizia quiere, puede.
Ahora les toca a ustedes. ¿Con qué look se quedan de esta semana? ¿Le prestarían a la Reina el traje rosa del Cajón, o prefieren soñarla en verde agua? Y una pregunta que me ronda: ¿qué joya del joyero real le habrían puesto ustedes para recibir a Macron? Los espero en los comentarios, donde siempre aprendo algo nuevo gracias a ustedes.
Nos vemos el próximo viernes, con nuevos actos, nuevas propuestas y, quién sabe, alguna tiara que se anime a salir del cajón. Feliz fin de semana, queridos lectores.